lunes, mayo 28, 2007

100 novelas contemporáneas en lengua española

1.- El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez, Colombia, 1985.
2.- La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa, Perú, 2000.
3.- Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, Chile, 1998.
4.- 2666, de Roberto Bolaño, Chile, 2004.
5.- Noticias del imperio, de Fernando del Paso, México, 1987.
6.- Corazón tan blanco, de Javier Marías, España, 1992.
7.- Bartleby y Compañía, de Enrique Vila-Matas, España, 2000.
8.- Santa Evita, de Tomás Eloy Martínez, Argentina, 1995.
9.- Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías, España, 1994.
10.- El desbarrancadero, de Fernando Vallejo, Colombia, 2001.
11.- La virgen de los sicarios, de Fernando Vallejo, Colombia, 1994.
12.- El entenado, de Juan José Saer, Argentina, 1983.
13.- Soldados de Salamina, de Javier Cercas, España, 2001.
14.- Estrella distante, de Roberto Bolaño, Chile, 1996.
15.- Paisaje después de la batalla, de Juan Goytisolo, España, 1982.
16.- La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza, España, 1986.
17.- El jinete polaco, de Antonio Muñoz Molina, España, 1991.
18.- El testigo, de Juan Villoro, México, 2004.
19.- Salón de belleza, de Mario Bellatin, México, 2000.
20.- Cuando ya no importe, de Juan Carlos Onetti, Uruguay, 1993.
21.- La tejedora de coronas, de Germán Espinosa, Colombia, 1982.
22.- El paraíso en la otra esquina, de Mario Vargas Llosa, Perú, 2003.
23.- Cae la noche tropical, de Manuel Puig, Argentina, 1988.
24.- Doctor Pasavento, de Enrique Vila-Matas, España, 2006.
25.- Herrumbrosas lanzas, de Juan Benet, España, 1983.
26.- Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero, de Álvaro Mutis, Colombia, 1993.
27.- El invierno en Lisboa, de Antonio Muñoz Molina, España, 1987.
28.- Verdes valles, colinas rojas, de Ramiro Pinilla, España, 2005.
29.- Mal de amores, de Ángeles Mastretta, México, 1996.
30.- Donde las mujeres, de Álvaro Pombo, España, 1996.
31.- El pasado, de Alan Pauls, Argentina, 2003.
32.- El rastro, de Jorge Gómez Jiménez, Venezuela, 1993.
33.- Santo oficio de la memoria, de Mempo Giardinelli, Argentina, 1991.
34.- Los años con Laura Díaz, de Carlos Fuentes, México, 1999.
35.- Plenilunio, de Antonio Muñoz Molina, España, 1997.
36.- Todas las almas, de Javier Marías, España, 1989.
37.- Cartas cruzadas, de Darío Jaramillo, Colombia, 1995.
38.- La casa del padre, de Justo Navarro, España, 1994.
39.- La visita en el tiempo, de Arturo Uslar Pietri, Venezuela, 1990.
40.- La historia de Horacio, de Tomás González, Colombia, 2000.
41.- La grande, de Juan José Saer, Argentina, 2005.
42.- El arte de la fuga, de Sergio Pitol, México, 1996.
43.- La velocidad de la luz, de Javier Cercas, España, 2005.
44.- Olvidado rey Gudú, de Ana María Matute, España, 1997.

45.- La gesta del marrano, de Marco Aguinis, Argentina, 1991.
46.- Un viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda, Chile, 1989.
47.- Plata quemada, de Ricardo Piglia, Argentina, 1997.
48.- El vuelo de la reina, de Tomás Eloy Martínez, Argentina, 2002.
49.- Diablo guardián, de Xavier Velasco, México, 2003.
50.- Igur Neblí, de Miquel de Palol, España, 1994.
51.- La nieve del almirante, de Álvaro Mutis, Colombia, 1986.
52.- Vigilia del almirante, de Augusto Roa Bastos, Paraguay, 1992.
53.- Un campeón desparejo, de Adolfo Bioy Casares, Argentina, 1993.
54.- Los pichiciegos, de Rodolfo Fogwill, Argentina, 1993.
55.- La burla del tiempo, de Mauricio Electorat, Chile, 2004.
56.- Una novela china, de César Aira, Argentina, 1987.

57.- El inútil de la familia, de Jorge Edwards, Chile, 2004.
58.- Lumperica, de Diamela Eltit, Chile, 1983.
59.- La otra mano de Lepanto, de Carmen Boullosa, México, 2005.
60.- En estado de memoria, de Tununa Mercado, Argentina, 1990.
61.- Veinte años y un día, de Jorge Semprún, España, 2003.
62.- Ladrón de lunas, de Isaac Montero, España, 1999.
63.- La cuadratura del círculo, de Álvaro Pombo, España, 1999.
64.- No me esperen en abril, de Alfredo Bryce Echenique, Perú, 1995.
65.- Luna Caliente, de Mempo Giardinelli, Argentina, 1983.

66.- Una sombra ya pronto serás, de Osvaldo Soriano, Argentina, 1990.
67.- El cuarto mundo, de Diamela Eltit, Chile, 1988.
68.- La silla del Águila, de Carlos Fuentes, México, 2003.
69.- Temblor, de Rosa Montero, España, 1990.
70.- Historia del silencio, de Pedro Zarraluki, España, 1995.
71.- Los fantasmas, de César Aira, Argentina, 1990.
72.- Angosta, de Héctor Abad Faciolince, Colombia, 2003.
73.- La muerte como efecto secundario, de Ana María Shua, Argentina, 1997.
74.- La orilla oscura, de José María Merino, España, 1985.
75.- La vida exagerada de Martín Romaña, de Alfredo Bryce Echenique, Perú, 1981.
76.- Sin remedio, de Antonio Caballero, Colombia, 1984.
77.- El tiempo de las mujeres, de Ignacio Martínez de Pisón, España, 2003.
78.- Al morir Don Quijote, de Andrés Trapiello, España, 2005.
79.- Glosa, de Juan José Saer, Argentina, 1986.
80.- Crónica de un iniciado, de Abelardo Castillo, Argentina, 1991.
81.- El traductor, de Salvador Benesdra, Argentina, 2002.
82.- Cumpleaños, de César Aira, Argentina, 2001.
83.- La sexta lámpara, de Pablo de Santis, Argentina, 2005.
84.- El embrujo de Shangai, de Juan Marsé, España, 1993.
85.- El maestro de esgrima, de Arturo Pérez Reverte, España, 1988.
86.- Carreteras secundarias, de Ignacio Martínez de Pisón, España, 1996.
87.- Rosario Tijeras, de Jorge Franco, Colombia, 1999.
88.- La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón, España, 2001.
89.- Camino a la perdición, de Luis Mateo Díez, España, 1995.
90.- A sus plantas rendido un león, de Osvaldo Soriano, Argentina, 1988.
91.- Memorias de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez, Colombia, 2005.
92.- Autómata, de Adolfo García Ortega, España, 2006.
93.- Del amor y otros demonios, de Gabriel García Márquez, Colombia, 1994.
94.- Ella cantaba boleros, de Guillermo Cabrera Infante, Cuba, 1996.
95.- La novela luminosa, de Mario Levrero, Uruguay, 2005.
96.- La guerra de Galio, de Héctor Aguilar Camín, Chile, 1994.
97.- Arráncame la vida, de Ángeles Mastreta, México, 1998.
98.- Arturo, la estrella más brillante, de Reinaldo Arenas, Cuba, 1984.
99.- La orilla africana, de Rodrigo Rey Rosa, Guatemala, 1999.
100.-Los vigilantes, de Diamela Eltit, Chile, 1994.


Esta lista contiene las que, de acuerdo con 81 “especialistas”, son las mejores novelas en castellano publicadas desde 1982. Fueron elegidas este año por iniciativa de la revista colombiana Semana, que dirigió una encuesta a escritores, editores, críticos literarios para que votaran las mejores novelas en español editadas desde que existe esta publicación. Al mismo tiempo, la iniciativa se unía a los festejos por el cuadragésimo aniversario de la aparición de Cien años de soledad y la celebración en Medellín y Cartagena de Indias del XIII Congreso de las academias de la lengua y el IV Congreso internacional de la lengua española.

Estas listas son siempre polémicas: que si alguno de los que está no debería estar, que si alguno de los ausentes debería estar, que si el orden no es el adecuado, que si parece que se impuso el criterio de lo políticamente correcto… Quizás por ello, Semana se cura en salud cuando dice explícitamente que [la lista] no pretende ser la selección definitiva, sino apenas un homenaje que se les rinde a todos los escritores en lengua castellana”. Sea como fuere, el lector medio puede usar la relación para comparar con sus propios gustos e incluso para ponerse al día, salvando los vacíos que impone el desconocimiento de autores y obras de países lejanos. Sólo por esta última razón ya resulta recomendable.

A nivel personal, diremos sólo que nos satisface la falta de ciertos nombres, encumbrados por cierta prensa por razones ajenas a criterios estrictamente centrados en el valor literario (amiguismo, grandes superventas) y receptores de grandes premios de relumbrón (Antonio Gala, Fernando Sanchez Dragó, Juan Antonio de Prada... por no hablar de las tentativas firmadas por César Vidal cuando dispone de unos minutos para escribir otras cosas que no sean libelos o burdas manipulaciones de hechos históricos, con los que sale a razón de unos 27 libros por año).

También destacamos el hecho de que los nombres de los paises que aparecen tras los nombres de los escritores remiten a los lugares de nacimiento de cada escritor, y no siempre a aquellos en donde sus obras fueron publicadas por primera vez. En este caso cabe preguntarse si no debiera ser el país de publicación el lugar indicado. Es el caso de Roberto Bolaño, por ejemplo, cuyas novelas vieron la luz en España. Sea como fuere, demuestra ésto que la verdadera patria del escritor (y de cualquier persona, en realidad) es la lengua en la que se expresa y no el lugar donde nació, ni aquel en el que se vio forzado o eligió para vivir.

¡Salud!

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miércoles, mayo 09, 2007

Autorretrato

Self-portrait_1

He pensado que alguien podría sentir curiosidad por mi apariencia...

¡Salud!

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lunes, abril 02, 2007

Cómo adaptar una obra inadaptable... o no


Se han escrito cosas muy duras contra esta versión/adaptación de la maravillosa obra de Laurence Sterne –uno de esos clásicos que todo el mundo menciona y nadie se toma la molestia de leer–, y la verdad es que es algo injusto. Para empezar, como se repite en todas las críticas, resulta imposible trasladar todos los contenidos del libro a otros medios, porque se trata de una obra tan frustrante y generosa como la vida que trata de reflejar. A ver si podemos aclarar un par de elementos que sitúen la adaptación que Winterbottom y Coogan han hecho en su debido contexto.

En primer lugar, lo que sí es posible adaptar es el argumento de la novela: Tristram Shandy, caballero, de edad madura, dotado de una cultura tan considerable como su conocimiento de los hechos y hazañas de su familia, trata de escribir su autobiografía, a la que acompañará de sus opiniones sobre cualquier tipo de acontecimiento que surja al hilo de la narración. Nada más empezar, Tristram se plantea una cuestión: ¿por dónde empezar? Hacerlo por su nacimiento queda inmediatamente descartado porque ello supondría privar al lector interesado de una serie de informaciones particulares sobre la familia Shandy que el autor juzga imprescindibles para entenderlo a él tal y como ha llegado a ser. Se remonta entonces al momento de su concepción, en el que la decisión de su padre de variar una norma doméstica, provoca un despiste que tendrá fatales consecuencias en el carácter y constitución de nuestro protagonista (al no estar sus espíritus presentes en su tarea, el niño tendrá tendencia a la melancolía y la fantasía). A partir de ahí, la historia de Tristram y su familia y allegados (el párroco Yorick, el cabo asistente de su tío Toby, los criados de Shandy Hall y la viuda Wadman) salta una y otra vez hacia delante y hacia atrás originando la incredulidad, el fastidio y la resignación de Tristram, incapaz de dominar su historia, pero dando lugar también al regocijo del lector, que disfruta de ese caos tan cuidadosamente dispuesto y tan hilarante.

Es ahora cuando hay que señalar, que precisamente ése es el motivo central que da cohesión a la narración: los personajes principales (Tristram, su padre y su tío) poseen caracteres metódicos hasta la obsesión, sienten pasión por lo que hacen y tratan de explicar todo eso a los demás… sin conseguirlo nunca. Efectivamente, tras más de trescientas páginas y nueve libros, Tristram no ha conseguido llegar más allá de sus primeros cuatro años de vida; no ha podido contar los acontecimientos de esos cuatro años de manera coherente y lineal y se ve forzado a contemplar cómo su historia da vueltas alrededor de un puñado de hechos aparentemente triviales.

Por su parte, Walter Shandy, su padre, que ha elaborado un complejo sistema pedagógico que trata de realizar en Tristram, ve frustrados todos sus esfuerzos por oscuras fuerzas que escapan a su control y que consisten en… la esencia humana. Su despiste –y el de su mujer– durante la concepción de Tristram influirán en la figura de su hijo, que, además, será bautizado con lo que él considera el peor de los nombres posibles. Por último, su Tristopaedia, cuyo objetivo es recoger de modo absoluto todo lo necesario para la correcta educación de su hijo, avanza más lenta de lo que crece su vástago, que no puede aprovecharse así de las teorías de su padre.

Y finalmente, el tío Toby, que a pesar de la exactitud extrema con la que construye sus maquetas es incapaz de explicar cómo y dónde había recibido una herida durante una acción bélica; herida que provoca las preguntas de todo el que oye la historia, incluida la encantadora viuda Wadman, que alberga esperanzas de casarse con él pero desea cerciorarse de que la misteriosa herida no lo ha dejado incapacitado para cumplir las obligaciones conyugales.

Todos ellos fracasan a la hora de comunicarse con los demás y con el mundo que los rodea, porque los obsesiona la exactitud de lo que desean comunicar y no sólo se ven traicionados por el lenguaje, ambiguo y cargado de potenciales sentidos que confunden más que aclaran, sino también por la comprensión de las personas, a las que es imposible imponer un significado unívoco de lo que se les cuenta. De esa manera, a Tristram lo derrotan los hechos que intenta ordenar y aclarar y que resisten cualquier tipo de ordenación sistemática; a Walter Shandy lo vencen el tiempo y la realidad humana; y al tío Toby su ingenuidad e inocencia y su afán de exactitud en el detalle (cuando la gente pregunta dónde recibió su herida, vagamente localizada en la zona inmediata a las ingles; lo que quiere saber es si ésta afectó, y en qué medida, a sus genitales, pero él responde mostrando en su detallada maqueta del asedio a Namur el punto exacto en que se encontraba cuando fue alcanzado por la artillería enemiga).

Añádase a este “argumento” que todo el libro está plagado de atrevidos recursos narrativos muy raros en una obra del siglo XVIII, como las formas de algunas páginas (una completamente negra cuando se cuenta la muerte del párroco Yorick, otra con motivos ornamentales, otras con diagramas y líneas que reproducen los movimientos de algunos personajes en vez de describir esos movimientos verbalmente), las repetidas apelaciones directas al lector/oyente (herederas de las del Quijote, pero más atrevidas) y la misma estructura narrativa, que había de influir en gente como Joyce o Burgess.

Con todo ello, Winterbottom y Coogan han hecho lo único posible: adaptar el caos del argumento y mantener el tema de la imposibilidad de la comunicación plena mostrando al mismo tiempo el caos de un rodaje. Coogan se desdobla en Tristram y su padre, pero también hace de un tal Steve Coogan, estrella de cine insegura y de carácter débil, rodeada de otras gentes con similares problemas de comunicación y relación con sus semejantes: la ayudante de dirección experta en cine europeo; el compañero de reparto sin habilidades sociales y que se siente a la sombra del protagonista del film sin darse del todo cuenta de que provoca en éste similares sentimientos de inseguridad; el director, los guionistas y los productores a los que los cambios en la película hacen perder el control del trabajo que tenían entre manos; o la gran estrella americana que ve que su trabajo de dos semanas de rodaje, por el que había renunciado a gran parte de su “caché” se ve reducido en el montaje final a una brevísima aparición sin importancia…

Y ese es el gran acierto de esta versión/adaptación de Tristram Shandy: que reproduce fielmente lo que la novela tiene de inadaptable: ese maravilloso desorden que nos frustra en nuestros proyectos pero nos reconcilia con nuestra condición de humanos y que hace que disfrutemos intensamente de las paradojas que dirigen en realidad nuestras vidas. Por eso ha dicho el director que su película gusta a aquellos a los que les gusta el libro. No estoy muy seguro de qué habría encontrado en ésta de no haber conocido aquel previamente, pero siendo las cosas como son, yo la he disfrutado muchísimo.


¡Salud!

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sábado, marzo 10, 2007

Una vez más: ¡no al préstamo de pago en las bibliotecas públicas!





El pasado miércoles (veáse última entrada en Studia humanitatis) ya reproducimos un artículo de la web española contra la imposición por parte de la UE de un pago por el préstamo de libros en las bibliotecas públicas, última muestra de la barbarie de la política cultural de corte neo-liberal. Y hoy queremos insistir en este tema, una vez más y todas las que hagan falta. Esto hay que pararlo. La cultura, la educación no son lujos y deben estar a disposición de todos sin distinción.

España no es el único país donde se están produciendo reacciones: Portugal e Itália también protestan. Las bibliotecas son un bien público imprescindble para la ciudadanía y no podemos permitir que se nos priven de él. Desde Studia humanitatis queremos animar a todos los que elaboran blogs a que difundan los manifiestos y las noticias distribuidas desde esas páginas y a que se publiquen entradas que expresen nuestro malestar con tan absurda e injusta medida. ¡Bruselas tiene que oir nuestra voz!


¡Salud!

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miércoles, marzo 07, 2007

¡No al préstamo de pago en las bibliotecas!

Recibimos esto por correo electrónico. Ni que decir tiene que apoyamos que apoyamos de raíz la gratuidad del préstamo en las bibliotecas públicas, bien sean de titularidad estatal, universitarias, de fundaciones, municipales, bien pertenezcan a museos u otro tipo de instituciones:


Asunto: [IWETEL] Comunicado Plataforma contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas




NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS


Recientemente, el Tribunal de Justicia Europeo ha condenado al Estado español a transponer la directiva 92/100, controvertida en prácticamente todos los países europeos. Esta directiva obliga a las bibliotecas a hacer algo contrario a su filosofía: pagar por prestar los libros a los lectores. El Ministerio de Cultura, en vez de unirse con otros países para tratar de anular esa disposición, a todas luces perniciosa para la cultura, tiene la intención de incorporarla en la futura Ley del Libro, la Lectura y las Bibliotecas, imponiendo un canon a las bibliotecas por su actividad principal: el préstamo de libros y otros materiales.

Este canon se liga al concepto de derechos de autor, pero esto no es más que una coartada. La inmensa mayoría de los autores no van a percibir prácticamente nada a cambio de que las bibliotecas presten sus libros, como se ha comprobado en los países en los que ya se aplica la directiva. Además, cientos de autores se han opuesto a este canon: Andrés Aberasturi, Belén Gopegui, Carlo Frabetti, Darío Fo, Emilio Lledó, Enrique Miret Magdalena, Gustavo Martín Garzo, José Luis Sampedro, Maruja Torres, Miguel Delibes, Rosa Regás... y un largo etcétera, además de cientos de profesores universitarios. La biblioteca es, indudablemente, una aliada de los autores, a los que promociona en mucha mayor medida que cualquier otra institución.

Si se llega a aplicar este canon, los presupuestos dedicados a bibliotecas sufrirán un recorte inevitablemente, y debe tenerse en cuenta que España es uno de los países europeos con menor gasto social en bibliotecas, y también uno de los países más atrasados en cuanto a indicadores de lectura. Difícilmente puede esta medida impulsar la lectura, como se dice en la exposición de motivos de la futura ley del Libro, la Lectura y las Bibliotecas. Por otro lado, este canon supone un paso adelante en la ofensiva neoliberal contra los servicios públicos, ya que los derechos de autor están ya recogidos en el precio de venta de libros y otros materiales. Es una agresión a la biblioteca imponerle una carga impositiva por ejercer su misión principal: el préstamo. Este nuevo impuesto introduce una lógica mercantilista en la biblioteca, absolutamente rechazable, y, además, será recaudado no por la administración, sino por las entidades de gestión de los derechos de autor, correas de transmisión de los intereses de los grandes grupos editoriales.

La directiva 92/100, como cualquier otra, es cuestionable. La Plataforma contra el Préstamo de Pago impugna su filosofía y está llevando a cabo una campaña informativa entre la opinión pública y las organizaciones. El objetivo final de la Plataforma es generar el debate social que se ha esquivado y, eventualmente, conseguir la retirada de la directiva. No es aceptable que los gobiernos vayan a Europa con una postura débil en la defensa de sus servicios públicos y vuelvan a su país con el mensaje resignado de que "Europa nos obliga a cumplir la directiva".

Las organizaciones que quieran adherirse a este comunicado, pueden hacerlo a través del correo electrónico: adhesiones@noalprestamodepago.org.

Los ciudadanos que deseen apoyar la campaña NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS, pueden hacerlo a través de la biblioteca más próxima.

Para más información: www.noalprestamodepago.org


PLATAFORMA CONTRA EL PRÉSTAMO DE PAGO

Marzo 2007



¡Salud!

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Cernuda. La realidad y el deseo (1)


ESTOY CANSADO
Estar cansado tiene plumas,
tiene plumas graciosas como un loro,
plumas que desde luego nunca vuelan,
mas balbucean igual que un loro.

Estoy cansado de las casas,
prontamente en ruinas sin un gesto;
estoy cansado de las cosas,
con un latir de seda vueltas luego de espaldas.

Estoy cansado de estar vivo,
aunque más cansado serÌa el estar muerto;
estoy cansado del estar cansado
entre plumas ligeras sagazmente,
plumas del loro aquel tan familiar o triste,
el loro aquel del siempre estar cansado.


DAYTONA
Hubo un día en el que el día no engañaba,
en que sus manos tristes no sostenían un cuervo
indiferente como los labios de la lluvia,
como el rojizo hastío.

Mas hoy es imposible
buscar la luz entre barcas nocturnas;
alguien cortó la piedra en flor,
sin que pudiera el mundo
incendiar la tristeza.

Sólo un lugar existe, cuyos días
nada saben de aquello,
aunque todo allí sea mortal, el miedo, hasta las plumas;
mas las olas abrazan
a tanta luz aún viva.

A tanta luz desbordando en la arena,
desbordando en las nubes, desbordando el tiempo,
que dormita sin voz entre las ramas,
olvidado fantasma con su collar de frío.

Mirad cómo sonríe hacia el amor Daytona.


TODO ES POR AMOR
Derriban gigantes de los bosques para hacer un durmiente,
derriban los instintos como flores,
deseos como estrellas,
para hacer sólo un hombre con su estigma de hombre.

Que derriben también imperios de una noche,
monarquías de un beso,
no significa nada;
que derriben los ojos, que derriben las manos como estatuas vacías,
acaso dice menos.

Mas este amor cerrado por ver sólo su forma,
su forma entre las brumas escarlata
quiere imponer la vida, como otoño ascendiendo tantas hojas
hacia el último cielo,
donde estrellas
sus labios dan a otras estrellas,
donde mis ojos, estos ojos,
se despiertan en otros.


CARNE DE MAR
Dentro de breves días será otoño en Virginia,
cuando los cazadores, la mirada de lluvia,
vuelven a su tierra nativa, el árbol que no olvida,
corderos de apariencia terrible,
dentro de breves días será otoño en Virginia.

Sí, los cuerpos estrechamente enlazados,
los labios en la llave más íntima,
¿qué dirá él, hecho piel de naufragio
o dolor con la puerta cerrada,
dolor frente a dolor,
sin esperar amor tampoco?

El amor viene y va, mira;
el amor viene y va,
sin dar limosna a nubes mutiladas,
por vestidos harapos de tierra,
y él no sabe, nunca sabrá más nada.

Ahora es inútil pasar la mano sobre otoño.


¿SON TODOS FELICES?
El honor de vivir con honor gloriosamente,
el patriotismo hacia la patria sin nombre,
el sacrificio, el deber de labios amarillos,
no valen un hierro devorando
poco a poco algún cuerpo triste a causa de ellos mismos.

Abajo pues la virtud, el orden, la miseria;
abajo todo, todo, excepto la derrota,
derrota hasta los dientes, hasta ese espacio helado
de una cabeza abierta en dos a través de soledades,
sabiendo nada más que vivir es estar a solas con la muerte.

Ni siquiera esperar ese pájaro con brazos de mujer,
con voz de hombre oscurecida deliciosamente,
porque un pájaro, aunque sea enamorado,
no merece aguardarle, como cualquier monarca
aguarda que las torres maduren hasta frutos podridos.

Gritemos sólo,
gritemos a un ala enteramente,
para hundir tantos cielos,
tocando entonces soledades con mano disecada.

(De Un río, un amor, 1929)




QUÉ RUIDO TAN TRISTE
Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman,
parece como el viento que se mece en otoño
sobre adolescentes mutilados,
mientras las manos llueven,
manos ligeras, manos egoístas, manos obscenas,
cataratas de manos que fueron un día
flores en el jardín de un diminuto bolsillo.

Las flores son arena y los niños son hojas,
y su leve ruido es amable al oído
cuando ríen, cuando aman, cuando besan,
cuando besan el fondo
de un hombre joven y cansado
porque antaño soñó mucho día y noche.

Mas los niños no saben,
ni tampoco las manos llueven como dicen;
asÌ el hombre, cansado de estar solo con sus sueños,
invoca los bolsillos que abandonan arena,
arena de las flores,
para que un día decoren su semblante de muerto.


SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR
Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por la que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.


TE QUIERO
Te quiero.

Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano tempestuoso;

Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;

Te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.

(De Los placeres prohibidos, 1931)



CEMENTERIO EN LA CIUDAD
Tras de la reja abierta entre los muros,
la tierra negra sin árboles ni hierba,
con bancos de madera donde allá a la tarde
se sientan silenciosos unos viejos.
En torno están las casas, cerca hay tiendas,
calles por las que juegan niños, y los trenes
pasan al lado de las tumbas. Es un barrio pobre.

Como remiendos de las fachadas grises,
cuelgan en las ventanas trapos húmedos de lluvia.
Borradas están ya las inscripciones
de las losas con muertos de dos siglos,
sin amigos que les olviden, muertos
clandestinos. Mas cuando el sol despierta,
porque el sol brilla algunos días hacia junio,
en lo hondo algo deben sentir los huesos viejos.

Ni un hoja ni un pájaro. La piedra nada más. La tierra.
¿Es el infierno así? Hay dolor sin olvido,
con ruido y miseria, frío largo y sin esperanza.
Aquí no existe el sueño silencioso
de la muerte, que todavía la vida
se agita entre estas tumbas, como una prostituta
prosigue su negocio bajo la noche inmóvil.

Cuando la sombra cae desde el cielo nublado
y el humo de las fábricas se aquieta
en polvo gris, vienen de la taberna voces,
y luego un tren que pasa
agita largos ecos como bronce iracundo.
No es el juicio aún, muertos anónimos.
Sosegaos, dormid; dormid si es que podéis.
Acaso Dios también se olvida de vosotros.


UN ESPAÑOL HABLA DE SU TIERRA
Las playas, parameras
al rubio sol durmiendo,
los oteros, las vegas
en paz, a solas, lejos;

los castillo ermitas,
cortijos y conventos,
la vida con la historia,
tan dulces al recuerdo,

ellos, los vencedores
caínes sempiternos,
de todo me arrancaron.
Me dejan el destierro.

Una mano divina
tu tierra alzó en mi cuerpo
y allí la voz dispuso
que hablase tu silencio.

Contigo solo estaba,
en ti sola creyendo;
pensar tu nombre ahora
envenena mis sueños.

Amargos son los días
de la vida, viviendo
sólo una larga espera
a fuerza de recuerdos.

Un día, tú ya libre
de la mentira de ellos,
me buscarás. Entonces
¿qué ha de decir un muerto?


VIOLETAS
Leves, mojadas, melodiosas,
su oscura luz morada insinuándose
tal perla vegetal tras verdes valvas,
son un grito de marzo, un sortilegio
de alas nacientes por el aire tibio.

Frágiles, fieles, sonríen quedamente
con muda incitación, como sonrisa
que brota desde un fresco labio humano.
Mas su forma graciosa nunca engaña:
nada prometen que después traicionen.

Al marchar victoriosas a la muerte
sostienen un momento, ellas tan frágiles,
el tiempo entre sus pétalos. Así su instante alcanza,
norma para lo efímero que es bello,
a ser vivo embeleso en la memoria.


EL RUISEÑOR SOBRE LA PIEDRA
Lirio sereno en piedra erguido
junto al huerto monástico pareces.
Ruiseñor claro entre los pinos
que un canto silencioso levantara.
O fruto de granada, recio afuera,
mas propicio y jugoso en lo escondido.
Así, Escorial, te mira mi recuerdo.
Si hacia los cielos anchos te alzas duro,
sobre el agua serena del estanque
hecho gracia sonríes. Y las nubes
coronan tus designios inmortales.

Recuerdo bien el sur donde el olivo crece
junto al mar claro y el cortijo blanco,
mas hoy va mi recuerdo más arriba, a la sierra
gris bajo el cielo azul, cubierta de pinares,
y allí encuentra regazo, alma con alma.
Mucho enseña el destierro de nuestra propia tierra.
¿Qué saben de ella quienes la gobiernan?
¿quienes obtienen de ella
fácil vivir con un social renombre?
De ella también somos los hijos
oscuros. Como el mar, no mira
qué aguas son las que van perdidas a sus aguas,
y el cuerpo, que es de tierra, clama por su tierra.

Porque me he perdido
en el tiempo lo mismo que en la vida,
sin cosa propia, fe ni gloria,
entre gentes ajenas
y sobre ajeno suelo
cuyo polvo no es el de mi cuerpo;
no con el pensamiento vuelto a lo pasado,
ni con la fiebre ilusa del futuro,
sino con el sosiego casi triste
de quien mira a lo lejos, de camino,
las tapias que de niño le guardaran
dorarse al sol caÌdo de la tarde,
a ti, Escorial, me vuelvo.

Hay quienes aman los cuerpos
y aquellos que las almas aman.
Hay también los enamorados de las sombras
como poder y gloria. O quienes aman
sólo a sí mismos. Yo también he amado
en otro tiempo alguna de esas cosas,
mas después me sentí a solas con mi tierra,
y la amé, porque algo debe amarse
mientras dura la vida. Pero en la vida todo
huye cuando el amor quiere fijarlo.
Así también mi tierra la he perdido,
y si hoy hablo de ti es buscando recuerdos
en el trágico ocio del poeta.

Tus muros no los veo
con estos ojos míos,
ni mis manos los tocan.
Están aquí, dentro de mí, tan claros,
que con su luz borran la sombra
nórdica donde estoy, y me devuelven
a la sierra granítica en que sueñas
inmóvil, por la verde foscura de los montes
brillando al sol como un acero limpio,
desnudo y puro como carne efímera,
pero tu entraña es dura, hermana de los dioses.

Eres alegre, con gozo mesurado
hecho de impulso y de recogimiento,
que no comprende el hombre si no ha sido
hermano de tus nubes y tus piedras.
Vivo estás como el aire
abierto de montaña,

como el verdor desnudo
de solitarias cimas,
como los hombres vivos
que te hicieron un día,
alzando en ti la imagen
de la alegría humana,
dura porque no pase,
muda porque es un sueño.

Agua esculpida eres,
música helada en piedra.
La roca te levanta
como un ave en los aires;
piedra, columna, ala
erguida al sol, cantando
las palabras de un himno,
el himno de los hombres
que no supieron cosas útiles
y despreciaron cosas prácticas.
¿Qué es lo útil, lo práctico,
sino la vieja añagaza diabólica
de esclavizar al hombre
al infierno en el mundo?

Tú, hermosa imagen nuestra,
eres inútil como el lirio.
Pero ¿cuáles ojos humanos
sabrían prescindir de una flor viva?
Junto a una sola hoja de hierba,
¿qué vale el horrible mundo práctico
y útil, pesadilla del norte,
vómito de la niebla y el fastidio?
Lo hermoso es lo que pasa
negándose a servir. Lo hermoso, lo que amamos,
tú sabes que es un sueño y que por eso
es más hermoso aún para nosotros.
Tú conoces las horas
largas del ocio dulce,
pasadas en vivir de cara al cielo
cantando el mundo bello, obra divina,
con voz que nadie oye
ni busca aplauso humano,
como el ruiseñor canta
en la noche de estío,
porque su sino quiere
que cante, porque su amor le impulsa.
Y en la gloria nocturna
divinamente solo
sube su canto puro a las estrellas.

Así te canto ahora, porque eres
alegre, con trágica alegría
titánica de piedras que enlaza la armonía,
al coro de montañas sujetándola.
Porque eres la vida misma
nuestra, mas no perecedera,
sino eterna, con sus tercos anhelos
conseguidos por siempre y nuevos siempre
bajo una luz sin sombras.
Y si tu imagen tiembla en las aguas tendidas,
es tan sólo una imagen;
y si el tiempo nos lleva, ahogando tanto afán insatisfecho,
es sólo como un sueño;
que ha de vivir tu voluntad de piedra,
ha de vivir, y nosotros contigo.

(De Las nubes, 1937-1940)


¡Salud!

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martes, febrero 20, 2007

Luis García Montero (algunos poemas y una decepción)

Hoy, en mi actual instituto, tendría que haber tenido lugar una conferencia de Luis García Montero, pero no ha podido ser por no sé qué problema de compromisos inaplazables del escritor, quien, para paliar nuestra decepción, ha sido tan amable de comprometerse a hacernos un hueco en una fecha conveniente del mes que viene.

Yo me había armado de mi cámara y algo de valor para plantearle ciertas cuestiones que me interesan de su poesía y tenía listo mi ejemplar de su Poesía (1980-2005) [
Tusquets Editores, Colección Nuevos textos sagrados, Barcelona 2006]. Pensaba ofrecer una breve biografía suya (decir que nació en Granada, donde reside y en cuya Universidad da clases de Literatura Española, en 1958. Que ha recibido los premios de poesía más importantes de este país: el Adonais, el Loewe, el Nacional de Literatura y que ha sido candidato al Cervantes). Iba además a colgar alguna de las fotos que le hiciera hoy y a copiar la "poética" que compuso él mismo para El último tercio del siglo (1968-1998), la famosa antología consultada de la poesía española editada por Visor. Quería además terminar la entrada reproduciendo alguno de sus poemas. Tal y como están las cosas, lo dejaremos en este breve comentario, este enlace a su web oficial y alguno de los poemas. El mes que viene, cuando nos visite en el centro, cumpliremos con el plan completo.

HOMENAJE
Algunas pocas cosas te rodean ahora.
Tal vez te creas inmortal
esta noche de mundo,
cuando tu cuerpo no se decide aún
a creer en la historia,
y me miras triste
-cinco años ya vigilándome muda-,
desde la seriedad y la fotografía.
(Aquella noche eras
la sombra hermosa de la vida.
Recordarás el gesto indeciso de tu boca
cuando te sorprendieron, la tímida sonrisa
que he amado tantas noches
y que ahora me espanta.
No sé si fue el alcohol lo que te hizo bella,
si suponía el tiempo la herida que tus labios
le hicieron al champagne,
cuando sólo pedías la pasión de una tregua.
Precisamente entonces
te traicionó el futuro, y ya no fue fugaz
lo que ahora me insiste y me interroga,
como si tú supieras
que yo iba a estar insomne muchos años después
careciendo ante ti de todos los recursos.)
Te recuerdan algunos
protegiendo tus piernas al impudor del viento;
pero yo deseo tus labios de papel,
el rubio corazón que cuelga en las paredes
y que nunca entendió
muy bien lo del suicidio.
Aquí
no es diaria ni justa la existencia.
Bésame y resucita
si es posible.


------oOo------

Cuando te quedas muda
y decides regalarme París,
comprar la torre Eiffel para tender mi ropa
si acaso me desnudas y no llueve.
Cuando insistes
en bordar las Meninas de Picasso
sobre todas las sábanas de Washington,
o viajar hasta Roma como quien busca un circo,
como quien pisa tierra después de muchos años
y a conciencia es feliz y es borracho.
Cuando me hablas de amor
o gritas que no importan la luz ni los relojes,
que es de noche y no piensas levantarte;
entonces
yo digo que estás loca y me respondes
recitando a Petrarca de memoria.


(De Tristia, 1982)


PARA PONERNOS NOMBRE
(1941)
[Qué difícil va siendo amanecer unidos.
ÁLVARO SALVADOR]
Sólo más tarde se darían cuenta
de que los dos buscaban una historia
no demasiado cerca del amor,
tal vez alguna excusa
para mirar los árboles de enero
temblando sobre el parque,
atravesar las calles
de una ciudad tomada por los himnos
y la ropa de invierno o verse acompañados
-ilusionadamente-
sobre el cristal celeste de los escaparates.
Fue quizá que los tiempos
sólo hacían posible
para un viejo soldado de todas las derrotas
matar la soledad entre los brazos
de una joven cantante de revista.
Y eran tiempos difíciles.
Mientras recuperaban
su olor a gato sucio los tejados,
ellos
cruzaban la ciudad vestida de uniforme,
soportaban el paso marcial de la soberbia,
recorrían las calles por entre las calesas,
pacientes y humillados,
buscando una pensión.
Sólo la lluvia deja
una pasión equívoca
en el banco vacío de los enamorados,
sólo la lluvia olvida
mentiras de charol sobre las calles
y un amor diminuto en cada esquina
para el labio que aprende su canción.
Acaso
era también pasar al contraataque
fingir felicidad,
estar ficticiamente enamorados
en medio del invierno,
decir que nada importa porque seguimos vivos,
porque aquí están tus ojos a pesar de los humos,
hechos para el amor, curtidos por la historia,
llenos de gozo siempre a toda costa.
Sólo un poco más tarde,
cuando la brisa ciega del sesenta
les hizo descubrir que envejecían,
supieron que era hermoso amanecer unidos,
abrazarse debajo de todas sus banderas,
vivir la intimidad que la derrota impuso
no demasiado cerca del amor,
porque la vida
tan fiel como una hermosa melodía
acabó siempre por darles su razón.


(De El jardín extranjero, 1983)

LIBRO I
IV
Si yo te comentase que la vida es mentira,
háblame del amor o de tu cuerpo,
de la noche contigo.

Y recuérdame luego
los días que son días porque alguien me ama
o acaso
porque tú me prefieres.


V
Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi,
cruzo la desmedida realidad
de febrero por verte,
el mundo transitorio que me ofrece
un asiento de atrás,
su refugiada bóveda de sueños,
luces intermitentes como conversaciones,
letreros encendidos en la brisa,
que no son el destino,
pero que están escritos encima de nosotros.

Ya sé que tus palabras no tendrán
ese tono lujoso, que los aires
inquietos de tu pelo
guardarán la nostalgia artificial
del sótano sin luz donde me esperas,
y que, por fin, mañana
al despertarte,
entre olvidos a medias y detalles
sacados de contexto,
tendrás piedad o miedo de ti misma,
vergüenza o dignidad, incertidumbre
y acaso el lujurioso malestar,
el golpe que nos dejan
las historias contadas una noche de insomnio.

Pero también sabemos que sería
peor y más costoso
llevárselas a casa, no esconder su cadáver
en el humo de un bar.

Yo vengo sin idiomas desde mi soledad,
y sin idiomas voy hacia la tuya.
No hay nada que decir,
pero supongo
que hablaremos desnudos sobre esto,
algo después, quitándole importancia
avivando los ritmos del pasado,
las cosas que están lejos
y que ya no nos duelen.


XX
Se descalzan los días
para pasar de largo sin que nos demos cuenta.
Son casi despedidas, casi encuentros
-felices pero incómodos-
de cuerpos que se miran
y que aplazan la cita.
Aunque detrás,
suelen quedarnos huellas que no son los recuerdos.

De aquel jardín inculto yo conservo
el hombre que venía a desearte,
a caminar sin ti,
silvestre y solo.
Porque de ti le hablaban las adelfas,
con sus ramas difíciles como muchachas jóvenes,
y las palmeras altas igual que tu desnudo,
y aquel cielo corrido
que buscaba
la luz con que el amor te distingue los ojos.

No envejecemos nunca. Tal vez no envejecemos.

Y ahora puedo decírtelo,
cuando tú me recuerdas las adelfas,
y tu desnudo en arco dibuja una palmera,
y los ojos se nublan
sobre el jardín silvestre de los enamorados.

Tal vez no envejecemos. O es acaso que el tiempo
se quitó los tacones para no molestarnos.
O es acaso el deseo
que camina en los labios todavía descalzo.

LIBRO II
VIII
Parece que soy yo quien hasta mí se acerca,
quien erguido camina rodeando mis piernas,
apoyando la piel sobre mi pecho,
cuando se acercan ellos, los recuerdos,
esos gatos sonámbulos del tiempo
que vigilan reunidos,
como palabras dichas,
caídas en el blanco
mantel de aquellas fiestas.

¿Dónde está la memoria,
detrás de qué latido se levanta
para enseñar su rostro,
el tesoro que lleva en sus ojeras
de canciones perdidas, de promesas
que nos tiran de pronto hacia otra parte?

Mi historia no es un libro, como dices,
es la esquina doblada de una página,
porque pensar también lo que no he sido
me define de un modo más exacto
por elecciones
o presentimientos,
porque hay versos que nunca se llegan a escribir
y la fidelidad que tengo a la poesía
es demasiado débil,
ni siquiera respeta su nostalgia.

Perdóname. ¿Recuerdas
el juego de crecer en soledad,
una voz que te llama por tu nombre?
La vida no traiciona, sólo existe
de un modo diferente al esperado
y es justo que se cuide, pues la cito
cuando tengo interés en malgastarla.


XXIII
Si alguna vez no hubieses existido,
si el calor de tus muslos no me hubiese
buscado como un látigo preciso
y mis ambigüedades electivas
-los días más oscuros de mí mismo-
no te hubiesen tenido como saldo
de afirmación o excusa,
es posible
que este volver a casa en soledad
y demasiado pronto,
me recordase ahora un poco menos
al joven que apostaba por el mundo,
con el mundo a su espalda.

Sólo el amor es duro.
Metidos en la noche, regresando
entre la potestad y la mentira,
hablamos del poder o de los sueños
al hablar del abrazo.
Y no lo sé tal vez, no sé si me recuerdo
prisionero de un cuerpo o libre junto a él,
buscando salvación o en servidumbre,
miserable y maldito, pero atónito.

Quizás sólo se trata de que no estás aquí,
de que perder es duro para todos
y el amor me hace falta, como sabes.
Quizás contigo estuve
tan demasiado cerca de su reino,
que necesito ahora desmentirme,
utilizar los trucos que uno tiene
para poder seguir.

Porque somos así seguramente,
huellas equivocadas,
solitarias hogueras de un camino,
paraísos de cuatro habitaciones
que sólo se comprenden
después de haber firmado muchas veces,
precisamente ahí,
donde pone El viajero.

Y a mí, ya que prefiero escoger mis derrotas,
quiero que me recuerdes derrotado,
como quien algo espera
más allá de los tiempos y los hechos.
Quizás porque haga falta haberlo presagiado
o porque, en todo caso, nadie sabe
dónde acaban los sueños.


(De Diario cómplice, 1987)


¡Salud!

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jueves, febrero 15, 2007

Bone





Muchas son las referencias que le vienen a uno a la cabeza durante la lectura de Bone, de Jeff Smith. En primer lugar, la historia debe mucho a El señor de los anillos en cuanto a su ambientación fantástica, su mezcla de espada y brujería y de seres y razas que enlazan con una especie de pasado prehistórico. Asimismo, acude también a la mente las historias de Conan el bárbaro, si bien de manera indirecta a través de la saga de Cerebus. No menos importante es la influencia de las maravillosas historias de Pogo realizadas por Walt Kelly, sobre todo en lo referente al tono de idílica comunidad, buen humor y ternura que rodea a los personajes, así como en la apariencia general de los "bones" (que también tienen un cierto parecido con Casper). Si no son buenas recomendaciones, no sé cuáles lo serán.

Astiberri lo publica en español. Llevan ya tres tomos (de lo que será una serie de nueve) y anuncian el cuarto para septiembre, para dar tiempo a que la edición americana recupere ventaja. En este enlace, podéis descargaros el primer capítulo de la serie, cortesía de los muchachos de Astiberri.

¡Salud!

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martes, febrero 06, 2007

Instantáneas de Zurich (3, El Cabaret Voltaire)



Nuestra gran ilusión en Zurich era visitar el lugar en donde se celebraban las sesiones del Cabaret Voltaire de los dadaistas. El edificio se encuentra en plena Niederdorf-Strasse, haciendo esquina con la Spiegel-Gasse (la antigua entrada debía estar en esta calle, ya que siempre se indica el lugar como Spiegel-Gasse 1). El local es ahora una vulgar tienda, aunque una placa, un cartel y una huella de la mano de un niño impresa en la fachada celebran su antiguo ser. Dicen que funciona como museo Dadá, pero no había signos de ello, por lo que resulta algo decepcionante y uno debe esforzarse por recordar qué significaron el dadaísmo y el Cabaret Voltaire en medio de tanto turista que ignora el lugar mientras pasa de largo por la que es una de las calles más comerciales del centro histórico de Zurich. Un poco más arriba por la Spiegel-Gasse (en el número 12) vivió Lenin, pero ya no nos interesó buscar la casa.

¡Salud!

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domingo, febrero 04, 2007

Poema de Arseni Tarkovsky en "Zerkalo"

Recibo, a través de una lista de correo dedicada a Andrei Tarkovsky la transcripción en español de uno de los poemas de su padre, Arseni Tarkovsky, que aparecen en la película El espejo, y no me resisto a compartirla:


PRIMER POEMA DE "ZERKALO"

De nuestros encuentros,
cada instante era fiesta
con el dios distante.

Solos en todo el mundo.
Eras más valiente y liviana
que el ala de un ave.

Por la escalera, como un
mareo acosante,
corrías y me llevabas - suave -
dentro de la húmeda lila
a tus dominios insondables
por la otra parte del espejo.

Y al llegar la noche
me fue regalada la piedad,
se abrió la puerta del altar
y brilló,
brilló en la oscuridad
la desnudez en su lento declinar.

Y al despertar: "¡Bendita seas!"
dije y supe que era audaz mi bendición:
dormías tú,
y se extendía la lila para tocar
tus párpados con el azul del Universo.

Y los párpados que el azul tocó
quietos eran, y la mano, tibia.

Y pulsaban los ríos en el cristal,
humeaban los cerros,
brillaba el mar.

Una esfera de cristal
tenías en tu mano.
Dormías en un trono elevado.
Y ¡Dios sagrado!
Mía eras, mía, mi beldad.

Despertaste y transformaste
el léxico de la humanidad.
Y al habla,
de fuerza sonora colmaste
y la palabra "tú" mostró
- oh, arte -
su nueva esencia y significó: "zar".

odo cambió en el mundo,
Hasta las cosas sencillas,
palangana, bocal,
cuando detenida entre nosotros
estaba
el agua dura y laminada.

Algo nos llevó al más allá,
y, cual espejismo, se distanciaba
- construida por milagro -
la ciudad.

A nuestros pies la menta
se acostaba
y las aves seguían
nuestra ruta larga
y los peces en contra
iban de las aguas
y se abrió el cielo ante nosotros
cuando el destino nos siguió celoso
cual un loco que lleva una navaja.



¡Salud!

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